¿Me escuchas?

Llego a mi casa de madrugada, después de tomarme un par de tragos de alcohol en una cantina.
Mi esposo lleva años sin tocarme, parece que no existiera para él. He aprendido a vivir así.
Los niños duermen, me acerco a su habitación y los observo varios minutos, aún ebria. Me doy asco, “mala madre”; repito esa frase en mi cabeza todas las noches que me escapo.
Mi esposo me ha olvidado por completo, mis hijos me necesitan sólo en el día. Me siento sola.
Llego a mi recámara, mi esposo está dormido, lo observo y cómo todas las noches me acerco y le susurro en el oído y le pregunto: ¿me escuchas? Nunca recibo respuesta.

Desperté pasado el medio día, no escuchaba nada.
Me levanté y vi mi casa vacía, no estaban mis hijos ni mi esposo. Leí una hoja que estaba en la mesa con las siguientes palabras: siempre te escuché llegar.

Y se olvidaron de mi para siempre.